Cuaderno de salinas
Notes From a Recent Planning Session
Cuando el calendario de cosecha, la marea y las visitas a la salina se cruzan en la misma mesa.
Publicado el 14 de marzo de 2025 · Lectura de 6 minutos
Nos sentamos un martes por la mañana en la nave de Sanlúcar con tres cosas sobre la mesa: el parte de mareas de la semana, las fichas de las últimas catorce cosechas de flor de sal y una lista de pedidos que había llegado por correo. La idea no era planificar la temporada entera, sino resolver un problema concreto: cómo ordenar la recolección cuando el poniente y el levante se alternan cada dos días y las cuadrillas no pueden estar siempre disponibles.
Lo primero que anotamos fue una obviedad que conviene repetir: la flor de sal no se cosecha cuando uno quiere, sino cuando la lámina de agua se queda quieta. Eso reduce las jornadas útiles a un puñado de mañanas al mes. En la sesión revisamos los registros de las últimas semanas y vimos que la mayoría de las recogidas buenas habían caído entre las siete y las nueve, antes de que el viento empezara a moverse. A partir de ahí, el resto del calendario se organiza solo.
El segundo punto fue menos técnico y más incómodo. Tenemos tres variedades activas —flor de sal, sal ahumada y una mezcla con romero y piel de naranja— y cada una pide un ritmo distinto. La sal ahumada depende de que el secadero esté libre, y la mezcla aromática necesita que la hierba esté bien seca antes de entrar en contacto con la sal, o se apelmaza en pocas semanas. En la sesión acordamos no solapar lotes: mejor producir menos y que cada tanda tenga su espacio.
Quedó también una nota sobre el envasado. Los tarros pequeños de flor de sal se llenan a mano y eso limita cuánto se puede sacar en una mañana. No es un problema de capacidad, es de tiempo: cada tarro pasa por una revisión visual antes de cerrarse. Preferimos mantener ese paso aunque signifique retrasar algún envío, porque es la única forma de detectar cristales que se han humedecido durante el traslado desde la salina.
La sesión terminó sin grandes conclusiones, que es como suelen terminar. Apuntamos dos decisiones: reservar las mañanas de poniente para la flor de sal y dejar los días de viento para ahumados y mezclas. La próxima reunión será después de la siguiente marea viva, cuando tengamos datos nuevos que comparar.