18 de marzo de 2025 · Cuaderno de campo
Cuando volvimos a la parcela de Sangonera tres semanas después de la enmienda, la conductividad no había bajado. Lo que había cambiado era otra cosa, y conviene contarlo con precisión porque afecta a cómo se planifica el segundo riego de lavado.
La primera revisión se hizo con la idea de confirmar dos cosas: que el compost maduro se había incorporado de forma homogénea en los primeros veinte centímetros y que el agua de riego no estaba aportando más sodio del que esperábamos. La analítica previa daba una CE del extracto saturado en torno a 6,4 dS/m y un PSI cercano al 14 %. Nada excepcional para un suelo franco-arcilloso de la Vega Baja, pero suficiente para condicionar el arranque del cultivo.
Lo que encontramos al volver no fue una reducción clara de sales. Fue una mejora visible en la infiltración: el agua dejó de encharcarse en la cabecera del riego y tardaba menos en alcanzar los sesenta centímetros. Ese detalle, que en un informe queda como una nota al margen, es el que justifica mantener el plan antes de tocar dosis o cambiar de producto.
Registramos cuatro indicadores sencillos, sin instrumental de laboratorio, para no depender solo de la analítica:
Ninguno de estos datos sustituye a una analítica, pero juntos explican por qué el lavado empieza a funcionar antes de que la CE lo refleje. La sal sigue ahí; lo que cambió es que el agua ya puede atravesar el perfil y arrastrarla.
El sodio intercambiable apenas se movió. Es lógico: sin yeso agrícola ni una fuente de calcio que desplace el sodio de la arcilla, el PSI no baja solo porque mejore la infiltración. Si en la próxima revisión sigue por encima del 13 %, tocará plantear una enmienda cálcica antes de la siguiente campaña, no insistir con más materia orgánica.
También comprobamos que el consorcio microbiano tolerante a salinidad que aplicamos con el riego no colonizó por igual toda la parcela. En la zona con más pendiente y menos retención de agua, la recuperación de la actividad biológica fue más lenta. No es un fallo del producto, es una limitación del suelo, y anotarlo evita repetir la misma dosis en toda la superficie la próxima vez.
El plan no cambia de fondo, pero sí de ritmo. Vamos a mantener el riego de lavado con la misma frecuencia, reducir la dosis de bioestimulante en la zona alta y reservar la aplicación completa para las zonas donde la infiltración ya responde. La revisión de mayo dirá si el PSI empieza a ceder o si hay que entrar con yeso.
Si estás en una situación parecida y quieres contrastar datos antes de decidir, puedes escribirnos o revisar las notas de la primera sesión de planificación, donde ya apuntamos por qué conviene separar el problema de salinidad del de sodicidad.